La urbanización ha ido avanzando sobre áreas de fragilidad ambiental que debieran haberse preservado

La geógrafa Patricia Pintos explicó que la ocupación humana de los espacios de humedales “dificulta la capacidad autorregulatoria de los ríos”, lo que agrava la situación de las inundaciones. “Esto es lo que viene pasando en la mayoría de las cuencas metropolitanas, como la Matanza-Riachuelo, que es una de las tres más importantes y está densamente poblada casi en la totalidad de su cauce”, afirmó.

Año a año e inundación tras inundación, se repiten los interrogantes sobre las causas de los graves desbordes que tienen lugar por la salida de cauce de ríos y arroyos de la Cuenca Matanza-Riachuelo. Una de las posibles respuestas está relacionada con la extensa urbanización en ambos márgenes a lo largo de gran parte de la extensión total de la ribera que dificulta la formación de humedales, zonas de superficie que están temporal o permanentemente cubiertas de agua por razones climáticas y que tienen la función de regular el caudal del sistema hídrico.
Consultada al respecto, la geógrafa e investigadora del CONICET Patricia Pintos explicó a El1 Digital que “los humedales pueden contribuir favorablemente en regular la crecida de los ríos, pero, cuando son ocupados, rellenados o modificados por actividades antrópicas, es decir, de los seres humanos, esa capacidad de regulación se ve muy resentida”. “Esto es lo que viene pasando en la mayoría de las cuencas metropolitanas, como la Matanza-Riachuelo, que es una de las tres más importantes y está densamente poblada casi en la totalidad de su cauce”, afirmó.
"Se está causando un perjuicio a los sistemas hídricos", aseguró la especialista.
La Cuenca Matanza-Riachuelo es una cuenca hidrográfica exorreica, es decir, un área en la cual el agua proveniente de las lluvias se escurre a través del terreno y forma arroyos, como el Rodríguez, el Morales o el Chacón, que se reúnen en un curso principal, el río Matanza-Riachuelo, que recorre 64 kilómetros desde su naciente, cerca de la Ruta 6, en Cañuelas, hasta su desembocadura en el Río de la Plata. Cuando las precipitaciones son inusualmente elevadas, el agua naturalmente debería desplazarse hacia ciertos sectores bajos del terreno para formar los humedales.
El problema es que, debido a la creciente urbanización, literalmente, no hay lugar para que eso pase. Además, la construcción de canales clandestinos que desagotan los humedales que se podrían formar en campos productivos, agrava la situación. Y si a todo esto se suma la sudestada, un fenómeno meteorológico que provoca un “tapón” en la desembocadura del cauce principal del Matanza-Riachuelo, sin los reservorios necesarios ni las obras hidráulicas adecuadas, el único desenlace posible es la inundación de los terrenos más bajos de la Cuenca.
En situaciones extremas como las que estamos viviendo estos días, con tantas precipitaciones, se incrementa enormemente el volumen de agua, por lo que el drenaje cuesta un poco más”, expuso la académica, experta en gestión hídrica y urbanización, quien sostuvo, además, que “el hecho de que gran parte de los cursos de agua discurre por áreas altamente urbanizadas, junto a la derivación de aguas procedentes de los campos, a través de canales clandestinos, son una combinación compleja que profundiza el efecto de las inundaciones”.
“Cualquiera sea el destino residencial, sean viviendas populares o barrios cerrados, se está causando un perjuicio a los sistemas hídricos, por la pérdida de la capacidad regulatoria”, alertó Pintos. “La urbanización ha ido avanzando sobre áreas de fragilidad ambiental que debieran haberse preservado”, cerró.
Fuente: El1Digital

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